Hemos viajado mil años bajo las sombras sin sol... Entra a mi mundo, siente y piérdete en mi ser...

domingo, 22 de agosto de 2010

Prefacio

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Dream for a dawn

Cuando parecía que era su último aliento, sucumbió el deseo de desaparecer del mundo. Sólo porque él estaba ahí, luchando por lo que podría ser su última batalla. Se aferraba a su hermoso vestido, como si de éste dependiera que pudieran salir ilesos de ese lugar. El miedo no dejaba que sus lágrimas cedieran de esos ojos tan hermosos y poderosos que había descubierto.
Él seguía ahí, intentado respirar y ella no podía moverse presa del miedo.Todo se volvía tan negro como la mirada de sus atacantes, aquellos que no tenían compasión y actuaban a diestra y siniestra.

Pero en algún momento tenía que reaccionar. Tenía que sacar lo que llevaba dentro, la furia y rabia que la envolvían. Tenía aún, antes de morir, que decirle algo que no creyó hasta hace poco...

El poderoso atacante le propinó un golpe más en la nuca, y él yacía sobre el suelo sin poder gritar de dolor. Le causaría terror el pensar que algo podría pasarle a ella. Morir para no luchar por su vida era algo que definitivamente no podía hacer. Pero luego quién la rescataría de ese pavoroso destino que el tiempo le había marcado en la piel desde antes de nacer. Ella tenía que morir, y con suerte él podría vivir, pese a las represalias contra él.

Sin embargo las palabras se amontonaron en el estómago de él, no podía dejar que nada le pasara a ella, no podría soportarlo y lo peor era que se había enamorado de quién su raza los llamaría enemigos

La lluvia caía sin percatarse de que estaba a punto de ser parte de un gran acontecimiento. Ella respiró pero el oxigenó se quedó en la mitad de la tráquea cuando alguien la sujetó de los cabellos y la arrastró por el húmedo suelo.

Intentó arañar a quién la tomaba pero era imposible porque sus brazos no alcanzaban y no podía ver más que al ser del que se había enamorado, tirado en el suelo, indefenso.

Ella gritó muy fuerte lo primero que se le vino a la mente y pudo verle los ojos.

En ese momento, una luz cegadora se extendió sobre el campo y un sonido sordo se acumuló en el vacío.

¿Era el fin de todo? ¿Así se sentía? Tanta paz y miedo a la vez, ¿miedo al saber que no estaría con él?
Volvió a gritar sorprendida de no escuchar su propia voz. Gritó y gritó muchas veces, sentía un abismal dolor de garganta pero seguía sin escucharse a sí misma.

Entonces entre todo algo apareció en su mirada, algo que por un momento la dejó ciega y perdida… 


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                                                                          Fin del comienzo



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